- Señor Frodo, es la hora, lance la sortija al volcán, se me están calentando mis patas de hobbit y empieza a oler a pelo quemado.
Frodo levantó la cabeza lentamente, mantenía el anillo a la altura de los ojos. Con gesto lento echó el brazo hacia atrás, siempre sin dejar de mirar el anillo. Lanzó el brazo hacia delante tan rápido como pudo, buscando mandar el anillo lo más lejos posible, su brazo describió un arco completo frente a su cuerpo, como una catapulta, llegó el momento de abrir la mano y dejar volar la joya, la mano no se abrió, siguió describiendo un arco y fue a dar con su otra mano, más justamente con su dedo índice, donde el anillo se coló sin resistencia.
- Señor Frodo, Señor Frodo, Sam gritaba desesperado mirando a su alrededor.
- ¡Ahí te quedas gordinflas! - fue lo único que escucho.
