El aroma a vapor, grasa y carbón impregnaba el ambiente de la estación. Me había sentado en un banco junto al andén y el trasiego de gente era continuo. Se anunciaban a gritos la salida de nuevos trenes con destino aquí y allá, yo esperaba paciente que, a voz en grito, alguien pronunciase "Providence" para volver a casa. Estaba tranquilo, no tenía ninguna prisa en volver, mis negocios en Boston habían sido un éxito y merecía un buen viaje de vuelta, embobado estaba mirando como cargaban mercancía en los vagones: cubos amarillos, cubos rojo, cubos azules...
-¡Eh!, Maskleto es tu turno, venga que llevas cinco minutos mirando embobado el tablero.